Kolibree
Entre los productos más curiosos del CES apareció un cepillo de dientes infantil que, a simple vista, parece tradicional: mismas cerdas, mismo tamaño, mismo ritual. La diferencia está en su base, donde se esconden sensores de movimiento que registran cómo se cepilla el niño y se sincronizan con una aplicación móvil.
La app emplea realidad aumentada (AR) usando la cámara frontal del teléfono para analizar visualmente el cepillado. Para ello divide la boca en zonas y muestra sobre la pantalla un modelo de mandíbula y “objetivos” a cubrir, lo que permite identificar áreas pasadas por alto y ajustar la técnica según el juego interactivo que se está ejecutando.
La experiencia de AR está diseñada para convertir el acto de cepillarse en una dinámica con “monstruos” y recompensas, donde el cepillo y la app colaboran para indicar si se cepilla con la velocidad y cobertura adecuadas, y un temporizador guía la duración recomendada de dos minutos por sesión; solo entonces permite avanzar de nivel.
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Cocomo
Ludens AI, una startup japonesa presentó Cocomo, su robot de compañía. El último modelo parece un pequeño panda, mientras que el otro es una especie de “salchicha con pelo”, pero en ambos casos encarnan una ambición mucho más profunda que lucir adorables. Ludens AI desarrolla robots de compañía con IA en el dispositivo, memoria evolutiva y continuidad emocional, diseñados no como herramientas, sino como presencias que conviven con las personas y aprenden de la relación cotidiana
Cocomo no se limita a ejecutar comandos, sino que observa, recuerda experiencias, reconoce emociones y ajusta su personalidad con el tiempo. La capacidad de “aprender” del propietario y recordar preferencias o patrones convierte al dispositivo en algo más que un juguete, acercándose a asistentes personales básicos que buscan interpretar comandos verbales y conductas del usuario, lo que dialoga con proyectos robóticos orientados a compañía emocional y asistencia en el hogar.
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Tombot
Esa misma tendencia de “mascotas tecnológicas” se manifiesta en Tombot, un cachorro robótico que, a diferencia de las propuestas más caricaturescas, apuesta por el realismo, pues tiene apariencia de perro, emite sonidos caninos reales y responde al contacto físico. De acuerdo con la empresa, el robot está diseñado para ayudar a personas, familias y comunidades a afrontar adversidades relacionadas con la salud.
Sus sensores táctiles distribuidos por todo el cuerpo le permiten reaccionar según cómo y dónde se le toca, mientras que su software de activación por voz hace posible que obedezca órdenes simples: si se le pide que “hable”, ladra; si se le acaricia, responde con movimientos y sonidos.
El cachorro se complementa con una aplicación móvil que permite ponerle nombre, personalizar sus funciones y registrar las interacciones diarias. Además, el dispositivo está pensado para “crecer” con el usuario a través de nuevas acciones y comandos que se actualizan con el tiempo desde la app, reforzando la sensación de una relación que evoluciona.

RiseLink
Finalmente, entre robots emocionales y cepillos inteligentes, también apareció una propuesta mucho más simple pero igualmente llamativa: un walkie-talkie con cámara de la empresa RiseLink. No se trata de la tecnología más sofisticada del evento —al final, su esencia son las videollamadas, algo ya cotidiano—, pero su valor está en cómo reinventa un objeto clásico del juego infantil.
Este dispositivo conserva la lógica del walkie-talkie tradicional, pero añade video y un diseño mucho más colorido y atractivo, transformando la experiencia de comunicación en algo más cercano a un juguete interactivo. Más que innovar por complejidad, RiseLink apuesta por sumar capas de diversión a una dinámica que varias generaciones ya conocen.
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SenseRobot
En el CES también estuvo presente SenseRobot Go, un robot que lleva la IA y la robótica física al terreno del ajedrez. A diferencia de versiones puramente digitales, este dispositivo combina visión por computadora y control de un brazo robótico para reconocer las piezas y colocarlas sobre un tablero real con precisión milimétrica. El sistema utiliza algoritmos de reconocimiento visual que identifican y rastrean cada pieza en tiempo real, lo que permite al robot interpretar la posición del juego y mover piezas de forma autónoma.
Además, su motor de IA incluye múltiples niveles de dificultad, desde principiantes hasta el rango profesional, y una librería de miles de ejercicios y registros de juego para practicar y analizar estrategias a través de la aplicación móvil dedicada, que se sincroniza por Wi-Fi con el robot para almacenar partidas, revisar jugadas y mejorar el rendimiento del usuario a lo largo del tiempo.




