2. Usar una plataforma compatible
El usuario debe abrir la imagen en herramientas que permitan leer estos metadatos. Esto puede hacerse a través de: plataformas de verificación en línea (Adobe o Content Authenticity Initiative); funciones dentro de software como editores de imagen; e integraciones en redes sociales o navegadores (en desarrollo).
3. Cargar o inspeccionar el archivo
Una vez dentro del visor, basta con subir la imagen o abrirla directamente. El sistema analizará el archivo y extraerá la información disponible.
4. Revisar el historial del contenido
Aquí es donde aparece el valor real, ya que el usuario puede ver información como el autor o fuente original; la fecha y lugar de creación; el dispositivo utilizado (por ejemplo, cámara o software); y el historial de ediciones realizadas (recortes, filtros, uso de IA), lo que permite entender si una imagen fue manipulada y en qué grado.
5. Validar la firma criptográfica
Este es el paso más importante. La firma digital confirma que los metadatos no han sido alterados. Si la firma es válida, la información es confiable. Si no, existe una alta probabilidad de manipulación.
Un cambio en la alfabetización digital
El acceso a estas “actas de nacimiento” no elimina las deepfakes, pero sí cambia el terreno de juego. En lugar de depender únicamente de algoritmos o plataformas para detectar contenido falso, los usuarios pueden convertirse en verificadores activos.
Sin embargo, el sistema también tiene limitaciones. Los metadatos pueden eliminarse si una imagen se descarga, se captura en pantalla (algo en lo que Sony ya está trabajando para ofrecer a los demás miembros de la Coalición) o pasa por plataformas que no preservan esta información. Por ello, la adopción masiva por parte de tecnológicas, medios y fabricantes será determinante para su efectividad.




