Sin embargo, la industria tecnológica atraviesa un momento complejo en la disponibilidad de componentes, no solo en procesadores o chips, sino en toda la cadena. Este contexto tensiona uno de los grandes objetivos del sector: la democratización del acceso a la tecnología. Aunque la meta es ampliar su alcance, también existe una lógica de negocio que obliga a equilibrar costos, oferta y rentabilidad, un balance que hoy resulta cada vez más difícil de sostener.
La limitación también pasa factura en la forma en que las mujeres participan dentro del ecosistema, pues aunque en América Latina la industria suma más de 300 millones de jugadores, solo entre 20 y 25 millones de mujeres participan activamente más allá del juego, ya sea como creadoras de contenido o profesionales del sector, según datos compartidos en el foro organizado por AMD.
En México, por ejemplo, solo 19% de los creadores de contenido de gaming son mujeres. Aunque dentro de ese grupo una proporción “relevante” ocupa posiciones de liderazgo, su presencia sigue siendo minoritaria frente a la masculina, especialmente en roles técnicos o de alto perfil.
Comunidad y visibilidad
Montenegro señala que si bien aún hay camino por recorrer ven avances en estadísticas de participación femenina además de más iniciativas impulsadas por empresas del sector, como el foro de mujeres en gaming organizado por AMD, que apenas en cinco años pasó de una mesa de seis participantes a más de 30 mujeres en su edición más reciente.
Este tipo de espacios, dice, buscan visibilizar el talento femenino y, al mismo tiempo, derribar barreras de entrada.
“No necesariamente todas tienen que estar en el front line como jugadoras, hay todo un ecosistema detrás que también necesita talento”, destaca Montenegro.
El siguiente paso, dice, es garantizar que las mujeres puedan transitar libremente por todo el ecosistema: del móvil a la PC, del consumo a la creación, y de la participación en la toma de decisiones.
“Detrás de quienes juegan hay toda una industria donde las mujeres ya participan”, dice Montenegro. “El reto ahora es que esa presencia también se refleje en los espacios más visibles y de decisión”.




