Duane Barnes, presidente de RapidScale, dijo hace unas semanas a Axios que “la IA no crea valor solo por ser desplegada; necesita datos confiables e integración en el flujo donde se toman decisiones”. Un aspecto en el que coincide el reporte de Writer.
El sabotaje no surge porque los empleados no entiendan la tecnología, sino porque perciben que la IA amenaza su autonomía, su valor profesional o la calidad de su trabajo.
“Es una forma de resistencia ante una transformación que muchos sienten impuesta desde arriba”, menciona May Habib, CEO y cofundadora de Writer en la introducción al estudio.
Otro reporte hecho por la empresa de recursos humanos y gestión, Gallup, muestra que incluso cuando las organizaciones ponen herramientas de IA a disposición de sus empleados, el uso no se distribuye de manera pareja, ya que 67% de los líderes las utiliza con frecuencia, frente a 46% de los colaboradores individuales.
Gallup encontró que entre los trabajadores que no usan IA pesan razones como la preferencia por mantener sus métodos actuales, las preocupaciones de privacidad y seguridad, las objeciones éticas y la duda sobre si estas herramientas realmente sirven para su trabajo.




