Pero así como el equipo ganó, hubo otros elementos en él que desaparecieron. Por ejemplo, la variedad de puertos se redujo. En los equipos más actuales, la delgadez eliminó conexiones tradicionales como HDMI, USB de tamaño estándar o ranuras para tarjetas SD y el usuario tiene que recurrir a adaptadores para tareas básicas.
El diseño también perdió diversidad. Los colores intensos y las formas arriesgadas dieron paso a una estética sobria de grises, plateados y negros que dominan vitrinas y oficinas.
Además, la reparabilidad cayó de forma evidente; antes un usuario podría ampliar la memoria RAM o cambiar el disco duro con relativa facilidad. En la actualidad, los sistemas integrados y las decisiones de fábrica limitan la intervención directa. La experiencia resulta más estable y pulida, pero menos abierta a modificaciones profundas.
La historia de las laptops no muestra una línea de mejora simple. Presenta una cadena de intercambios, en la que para lograr equipos más delgados, silenciosos y potentes, la industria aceptó menos modularidad, menos puertos y menor margen de intervención del usuario.




