En Tlaxcala, por ejemplo, la aplicación Taxi Seguro, lanzada en 2022, dejó de operar en marzo de 2026 debido a que no logró una adopción significativa. En Puebla, el proyecto Protaxi enfrentó un destino similar, con bajo uso entre usuarios y conductores.
En la Ciudad de México se intentó un acercamiento distinto en el que se aliaron Uber y el sistema de MX Taxi para integrar a taxistas tradicionales en la plataforma. Aunque el gremio vio en ello una oportunidad para ganar visibilidad y competir en igualdad de condiciones en bases aéreas, las autoridades locales advirtieron que la iniciativa no contaba con autorización oficial y podría derivar en sanciones o incluso la suspensión de concesiones.
Desde la experiencia de Isabel, la migración hacia plataformas resulta más probable que la extinción del gremio, pues “los usuarios ya se acostumbraron a pedir un auto que llega a la puerta de su casa”, una visión que, dice, comparte con colegas que siguen trabajando en el modelo tradicional. Sin embargo, la resistencia existe y muchos conductores, sobre todo los de mayor edad, desconfían de la tecnología o no saben cómo usarla.
Isabel lo ha visto de cerca, intenta convencerlos, explicarles el funcionamiento, compartir lo que aprendió, pero no siempre funciona. A su juicio, uno de los pendientes está en facilitar el proceso de adaptación, considera que las plataformas podrían hacer más para acompañar a quienes quieren dar el salto, con explicaciones más claras y accesibles sobre cómo usar la aplicación.
En este sentido, Uber y DiDi han desarrollado centros de atención presencial, tutoriales dentro de la app y programas de incorporación que incluyen capacitaciones básicas sobre el uso de la plataforma, seguridad y atención al usuario. Incluso, en ciertos casos, ofrecen asesoría para el registro, verificación de documentos y activación de cuentas.
“Que no tengan miedo al cambio”, dice, convencida de que el reto no está en la tecnología, sino en perderle el temor.




